Aumenta el número de quejas en las residencias de ancianos

Aumenta el número de quejas en las residencias de ancianos a causa del personal y el trato que reciben

Alejandro Pizarro R./Parla Digital

El precio de las residencias de ancianos en la Comunidad de Madrid varía en función de la zona y de los servicios que se soliciten, aunque suelen superar los 1.500 euros y, a pesar de que este dato difiere entre unas y otras, algo que si comparten la mayoría son las constantes quejas de residentes, familiares y hasta de sus propios trabajadores hacia las instalaciones y el trato hacia los clientes.

El residente siempre es el perjudicado” son las frases que más resuenan en la boca cuando se pregunta sobre el tema, “los principales problemas que sufren son una gran falta de atención, una mala higiene, van muchas veces mal vestido, e incluso en pleno invierno van con el pelo mojado porque no se molestan en secárselo. Es vergonzoso”, ha expresado María Dolores, auxiliar de residencia en Villaverde que afirma que el principal responsable es el equipo directivo que consiente todo esto por beneficio económico y los trabajadores que no se atreven a contradecirles.

Los auxiliares son los trabajadores que más cerca están de los residentes y más horas pasan con ellos, pero esto en vez de ser un factor positivo, se convierte en algo negativo cuando deben cargar con hasta 8 o incluso 10 pacientes al día, lavarles, vestirles y bajarles al comedor para servirles la comida. Y es que, con una plantilla tan reducida, los trabajadores deben hacer todo el trabajo propio de una residencia, contando con la mitad de la plantilla idónea para estas tareas “es normal que el trabajo no salga perfecto si tenemos que hacerlo en un tiempo record. No damos abasto”.

Lo primero que cambiaría en las residencias sería el personal directivo, pues se limitan a estar en los despachos y no ven las deficiencias que hay. De hecho, cuanto menos material den, más beneficios se llevan”, ha comentado María Dolores en referencia al uso de pañales y toallas. El material de trabajo y aseo para los residentes es escaso, llegando a dárselos de forma contada sin importar las necesidades o la situación de cada residente “hay pañales que se humedecen y aguantan más que otros, pero da igual. No miran las necesidades de los residentes, solo les dan uno y no les cambian hasta la mañana siguiente”.

Pero no solo son los propios trabajadores los que se muestran disconformes con el trato a los ancianos de las residencias, sino también los familiares y acompañantes de estos, que a pesar de las reclamaciones diarias por el trato pasivo e irrespetuoso que reciben, no ven mejorías de ningún tipo, “a mi madre la quitaron todo su calzado y tuve que amenazar con llamar a la policía a las dos semanas para que se pusieran a buscarlo porque ellas eran incapaces de mover un dedo” ha afirmado Paco, totalmente decepcionado con la actitud de las trabajadoras de una residencia de Parla.

La comida también es motivo de queja pues, aunque un punto a favor sea que se diferencia claramente de aquellos que están totalmente sanos de los que son celíacos o tienen algún tipo de intolerancia, los platos no se reparten de forma equitativa o igualitaria, pues a veces las raciones de los segundos platos no llegan para todo el mundo y, en contadas ocasiones, los residentes tienen plena libertad para repetir el postre, que consiste en un par de piezas de frutas.

Yo siempre pensaba que el día de mañana cuando fuera mayor querría ir a una residencia. Pero visto lo visto y el trato que se recibe aquí, tengo claro que no” han asegurado varios familiares tras la hora de la comida. Y es que, la principal queja recibida es el excesivo coste mensual por el servicio que poseen “si fuera gratis o valiera la mitad de lo que vale todavía aguantas, pero es que esto es un abuso”. Un servicio precario, unas condiciones deplorables y unos precios desorbitados son algunas de las cosas que acompañan a las residencias madrileñas a día de hoy, la pregunta que todos se hacen es si se va a poner fin y qué se puede hacer para mejorar esta situación que parece ir a peor por momentos.

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